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La Terapia Cognitivo-Conductual es la única realmente contrastada, empírica y científicamente, dentro del marco de la psicopatología como ciencia. Ya no se pone en duda su eficacia, porque hay múltiples estudios comparativos que la avalan. En trastornos depresivos, de ansiedad, de personalidad, etc., se han demostrado logros terapéuticos similares, y superiores, a la intervención sólo con medicación. Y, en otras patologías más graves (psicosis), su complemento a la farmacología es igualmente incuestionable.
Hay otras orientaciones psicológicas y gente que se beneficia de ellas, por lo que no se deben desestimar, pero si nos ceñimos al rigor científico, no filosófico, y a los principios éticos y deontológicos que deben regir la actuación del psicólogo, no cabe duda sobre cuál ha de ser la elección.
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