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Los
trastornos de la personalidad se caracterizan por patrones de percepción,
reacción y relación que son relativamente fijos, inflexibles y socialmente
desadaptados.
Todas
las personas tenemos patrones característicos de percepción y de relación con
otras personas y situaciones (rasgos personales), de lo que resulta que
tendemos a enfrentarnos a las situaciones estresantes con un estilo propio, individual
y repetitivo.
Hay
personas que tienden a responder a las situaciones problemáticas buscando la
ayuda de los demás. Otras, asumen que pueden manejar todos los problemas por sí
mismas. Algunas minimizan los problemas. Otras los exageran.
Aunque
la gente suele responder siempre del mismo modo ante una situación difícil, la
mayoría, de forma natural, intenta otros caminos si la primera respuesta es
ineficaz. En contraste, las personas con trastornos de la personalidad son tan
rígidas que no pueden adaptarse a la realidad, lo cual debilita su capacidad
operativa. Sus patrones desadaptados, de pensamiento y de comportamiento, hacen
que sean propensas a tener problemas en sus relaciones sociales, interpersonales
y laborales.
Estas
personas, generalmente, no son conscientes de que su comportamiento o sus
patrones de pensamiento son inapropiados. De hecho, a menudo creen que son
normales y correctos, incluso cuando son sus familiares quienes les suelen
enviar a recibir ayuda profesional, pues su comportamiento inadecuado causa
dificultades de relación. Cuando las personas con trastornos de la personalidad
buscan ayuda por sí mismas (frecuentemente, a causa de frustraciones), creen
normalmente que sus problemas están causados por los otros o por situaciones
particularmente dificultosas.
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