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Los
trastornos del comportamiento alimentario constituyen un tipo de problemas que,
en las últimas décadas, ha aumentado considerablemente, afectando de manera
primordial a las personas jóvenes y de sexo femenino.
Si
bien clínicamente se pueden clasificar distintas alteraciones, el elemento
común está dado por la intención de disminuir el peso corporal,
independientemente de cual sea éste. Esta búsqueda del peso ideal se acompaña
de un intenso temor a engordar, que excede las preocupaciones que en este sentido
presentan la mayoría de las personas. Estas características llevan a cambios o
alteraciones del comportamiento tales como una alimentación que no cumple con
las necesidades básicas del organismo. Esto puede darse a través de una
negativa a comer cualquier tipo de alimentos o sólo un grupo de ellos o, por el
contrario, a través de una alimentación basada en grandes cantidades de comida,
generalmente ingeridas en cortos espacios de tiempo y con la sensación de no
poder controlarse.
Todos
estos trastornos deben ser atendidos por equipos de profesionales
especializados, considerando que el resultado del tratamiento depende en gran
medida de la consulta temprana por parte de quien los padece o cree padecerlos.
En
bulimia nerviosa existe suficiente evidencia empírica que demuestra la
superioridad de la terapia cognitivo conductual frente a otras alternativas de
tratamiento.
En
el trastorno por atracón los programas de autoayuda para los casos leves y la terapia
cognitivo conductual para los demás casos son los tratamientos de elección.
El
panorama en el tratamiento de la anorexia nerviosa es diferente. El único
tratamiento que hasta el momento ha probado su eficacia es la rehabilitación
nutricional. Para este trastorno todavía es necesario el desarrollo y aplicación
de programas estructurados de tratamiento que permitan determinar su eficacia,
ya que se parte de tal cúmulo de influencias o variables relevantes que resulta
difícil determinar qué aspectos son los principales a la hora de abordar el
trastorno.
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